viernes, 24 de abril de 2009

“Nosotros hemos jugado con Talleres de Córdoba, en el Chateau Carreras, le ganamos a Instituto, Unión, Almirante Brown..."





Otros dos campeones del 92’ nos visitaron en los estudios de la radio. En este caso, Marcelo Pérez y Sandro Palma Parodi fueron los que dialogaron con “LA VOZ DEL LEÓN”, para recordar, 17 años después, la epopeya del ascenso al Nacional B. Perico, recuerda ese momento de gloria y reflexiona: “Lo que logramos me sigue emocionando”. Por su parte Palma, un juvenil en aquel equipo, con el tiempo reconoce sus nervios en la tanda de penales contra Los Andes: “Cudos pateó el cuarto, con el que ganamos. Menos mal, por que la cancha me quedaba como si fuera de cuatro kilómetros para llegar al arco”.

El tiempo pasó para todos, pero los recuerdos son tan frescos como si fueran de ayer, tanto para Sandro Palma Parodi como para Perico Pérez, dos guerreros de aquel equipo de hombres que logró lo que parecía imposible, llevar a Ituzaingó al Nacional: “Tenía 24 años cuando ascendí con Ituzaingó, pero tenia varios partidos, venia de hacer inferiores y ser componente de un plantel profesional en Independiente, después jugué un año en el Nacional B con Dálmine, un año en Ituzaingó en la B y después el ascenso en el otro año al Nacional B”, recuerda, Pérez, el número dos del gran equipo.

Para Perico, el primer año en Ituzaingó, fue una prueba de fuego. El equipo zafó, en el final, de irse a la C, vivencia que le sirvió para consagrase en el campeonato siguiente: “Yo venía de una experiencia fuerte al año anterior, por que nos salvamos en la última fecha del descenso contra Los Andes, en cancha de Morón. Pasaron muchas cosas, Orsi se había ido el año anterior, había agarrado Franchosi y tuvimos que pelear hasta último momento”.

Sandro Palma Parodi, llegó a los 16 años a Ituzaingó, proveniente de Vélez, y de ahí en más fue exitoso en inferiores y en primera: “He jugado de dos en inferiores de Vélez y también de seis, después siempre de volante. Yo cuando me quedé con el pase de Vélez quería jugar en un equipo de la A, fui con mi cuñado y me dijeron que Morón probaba jugadores con el pase, pero dije no, mejor vayamos a Ituzaingó y así fue que llegue al club”, cuenta Palma, enorgulleciéndose con la decisión tomada en ese momento.

Tampoco fue una historia particular la de Marcelo Pérez cuando firmó en el Verde, ya que de un día para otro tomó la decisión de jugar en el León: “Cuando yo arreglé en Ituzaingó, hasta último momento Dálmine quería que me quedara jugando en el Nacional. Pero me llamo Talarico, el arquero que había tenido de compañero en Dálmine (que era muy amigo de Orsi, que lo dirigió en San Miguel) y me dijo que tenia una posibilidad de jugar en Ituzaingó, ya se cerraba el libro de pases; Dálmine me decía que si, pero no me arreglaba el contrato, mientras Ituzaingó me esperaba con los brazos abiertos. Llegue un día jueves, hable con Orsi y con Fioritti. El viernes hice la primer práctica y el sábado debuté, en cancha de Morón, contra Central Córdoba, no conocía el nombre de los compañeros que tenia al lado”.

Perico Pérez, no solo recuerda el ascenso, si no también las dos temporadas en la segunda categoría del fútbol Argentino y se emociona con esas campañas recorriendo el país con Ituzaingó: “Nosotros hemos jugado con Talleres de Córdoba, en el Chateau Carreras, le ganamos a Instituto, Unión, Almirante Brown, le hicimos partido a Quilmes, teníamos buen equipo. Y en el segundo año nuestro en el Nacional B, yo siempre dije que si teníamos un delantero de doce goles no nos íbamos al descenso, por que jugábamos bien. De hecho sacamos adelante un montón de partidos, con Banfield, allá le hicimos un partido increíble y perdimos 1 a 0, con Quilmes y los Salteños (Gimnasia y Tiro)”.

La final frente a Los Andes, para Palma Parodi, fue todo un desafió, como juvenil de ese plantel. Cuenta una de cal y otra de arena en su desempeño en cancha de Independiente: “En la final jugaba simple por que tenía al Topo, Perico y Olivera que me hablaban. Yo entonces jugaba más suelto que otras veces, por que vos en una final no te podes equivocar”. Pero a la hora de los penales, los nervios traicionaron la templanza del volante: “Era la primer final que jugaba. Era joven y para colmo cuando fuimos a patear los penales, Edgardo (Marchetti) pregunto quien iba a patear y yo levante la mano, tímido, el tema era después patearlo. Angelito Cudos, me pregunto si quería patear el cuarto o el último. Yo le dije que pateaba el último y el pateo el cuarto, con el que ganamos. Menos mal, por que la cancha me quedaba como si fuera de cuatro kilómetros para llegar al arco. Nosotros sabíamos muy poco y nada del arquero. Pero gracias a dios pateamos como si hubiésemos practicado y ni habíamos entrenado. Y el Pato atajó como si los conociera a todos”. Sin dudas, para Palma, fue sacarse un gran peso de encima no haber ejecutado ese hipotético quinto penal.

Ituzaingó marcó mucho a Perico Pérez, no solo por la obtención del ascenso, si no también por que nunca más jugó en otro club, a los 28 años se retiró del fútbol jugando en el Verde, cuando el equipo descendió del Nacional B: “Después del Nacional B con Ituzaingó, deje el fútbol profesional. A veces pienso que me apuré, pero te vas cargando un montón de cosas que ya no te hacen disfrutar los momentos. Cuando Zielinski estaba dirigiendo en la C (año 1997), me dijo que quería que vuelva a jugar, que me ponga a entrenar ya mismo. Pero yo ya estaba en otra cosa. Cuando vos te retiras del fútbol se pierde una vida y hay que iniciar otra, lo mejor que te queda el fútbol es el reconocimiento. Yo no se si fui el mejor o si estuve cerca (en referencia a que muchos hinchas lo mencionan como el mejor “dos” de la historia del León). Lo que si te puedo decir es que quede marcado con ese momento del club y lo que logramos me sigue emocionando”. A pesar del temprano retiro, Pérez, tuvo la oportunidad de seguir jugando en el exterior, pero esa chance se frustró y colgó definitivamente los botines: “El último año nuestro en el Nacional B tenia pasaje para jugar en el The Stronges de Bolivia, que jugaba Copa Libertadores, me fui un sábado con el sí de que me iba a Bolivia y el lunes se trabo el pase. Siempre hubo propuestas pero en esto del fútbol, hay muchos chantas”.

La jerarquía de estos dos futbolistas se comprende más cuando los dos repasan sus inicios en el fútbol. Marcelo Pérez hizo inferiores en Independiente y Palma Parodi en Vélez Sarsfield: “En el Rojo el técnico era Pepé Santoro y el ayudante el Chivo Pavón, el equipo era Irusta, Barrera, Chocho Reinoso, yo de central, de tres Alastuey, el siete era el Gato Leeb, Jairo Morales Santos, de cinco Lenguita o Villarreal, de 10 el Dani Garnero y arriba Ubaldi y el Pirata Czornomaz. Ese equipo salió campeón, de cuarta división, cinco fechas antes del final del campeonato. Pero Palma no se queda atrás y también saca chapa de que jugó con unos “nenes” importantes: “En Vélez jugué con el Turu Flores, de central al lado mío (el Turu, en sus comienzos jugaba de defensor, después brilló como delantero), con el Cholo Simeone, el Coyo Almandoz entre otros”.

Seguramente si Perico Pérez no hubiese marcado el empate contra El Porvenir, tras el centro de Eduardo Vidic, ninguna de estos reportajes se estaría haciendo. El hizo el gol que posibilitó el desempate contra Los Andes: “El gol contra El Porvenir fue el más importante de mi carrera, pero casi a la misma altura pongo un gol a Gimnasia y Tiro de Salta, nosotros a los veinte minutos del partido perdíamos 2 a 0 y lo dimos vuelta. El tercer gol de ese partido lo hago yo. A partir de ahí sacamos once puntos contra uno de Racing de Córdoba que fue el tercer equipo que se fue al descenso. Creo que fueron mis únicos dos goles en Ituzaingó”.

Para Sandro Palma Parodi, abril de 1992, fue el mes de su vida. No solo por el ascenso con Ituzaingó si no también, nada menos, que por la llegada de su hijo, que vino con un pan bajo el brazo: “Mi hijo, Brian, nació dos días antes de la final con Los Andes. Ese lunes cuando el equipo concentró en Pontevedra, yo entrené solo y después me sumé a la concentración. Hoy mi hijo tiene 17 años y juega en las inferiores de Ituzaingó. Yo lo quería de dos o de seis, pero esta jugando de nueve, es más alto que yo y tiene mas espalada. Tiene condiciones y llegar depende de el”, comenta Palma, deseando que su sangre siga defendiendo los colores verdes, ojala se dé.


Foto: gentileza de www.verdeleon.com.ar